martes, 22 de septiembre de 2015

Claro que la calidad de lo que se hace en la escuela, cuyo nicho articulador lo constituye la unidad procesal de la gestión áulica, tiene varios referentes. Todos ellos mediados por la acción del sujeto de la enseñanza, el docente; esto en un contexto institucional determinado con su correspondiente trama direccional.

La conjugación de la intencionalidad docente y los procesos de mediación de las instancias de dirección (con sus espacios de debate y elaboración de políticas), amén de las necesaria retro-alimentación, actualiza el sentido, la interrelación y substancialidad del evento de la clase.

Dado que la práctica concreta que despliega el docente (en la clase) para que opere el aprendizaje (no solo) en los estudiantes (de modo relevante), comprometiendo en grados varios, significados posibles y niveles fluctuantes de comprensión, dicho proceso es esencialmente un acto complejo de comunicación. Este involucra la comunicación a través del saber escribir, que a su vez compromete la lectura, el saber ejercer esta actividad para gozo intelectual y estético.

En consecuencia, la calidad posible de semejante obrar humano en su especificidad pedagógica, lo define una relación intrincada de varios referentes: Lenguaje y conceptualización disciplinar, la relación con la que se dinamiza la clase, los procedimientos y caminos a través de los cuales el docente gestiona el conjunto de situaciones y actividades para consumar la realización del saber y saber hacer en cuestión. Y hablar de lenguaje y conceptualización disciplinar, desde el saber y las competencias docentes movilizadas por el sujeto concreto de la enseñanza (para desatar aprendizaje y contribuir a forjar competencias en los sujeto del aprendizaje), es abordar el asunto del razonar y el pensar en contextos concretos. Pero, también en este “menjurje”, se ha de poner en juego el ingrediente de la creatividad puesta en marcha, evidenciada por el docente, y las estrategias para que los estudiantes la auto-cultiven. No puede concebirse la ciencia, la producción de conocimiento, la re-creación de éstos, como tampoco el arte y la literatura sin creatividad. Tal asunto no es ocasional o marginal. Por consiguiente no deja de ser paradójico, extraño al intríngulis de la práctica pedagógico, un docente cuadriculado, dogmático. Censurador del genio, de las formas novedosas, de la creatividad y la capacidad intuitiva de los estudiantes cuando afrontan problemas, razonamientos y actividades diversas.

Otro componente inherente a este complejo acontecimiento de saber y saber hacer en la escuela, específicamente realizado en el espacio relacional (unidad) de la clase, lo es el proceso de valoración del aprendizaje, del desempeño de los estudiantes, tradicionalmente designado como evaluación, que debe explicitar la capacidad de auto-valoración por parte de estos mismos sujetos, guardando cierto grado de rigor. Ligado a esto, directamente, más no exclusivamente, se tienen los resultados del aprendizaje.

Cuando lo que se termina por hacer pierde relevancia, se hace porque toca, porque no hay de otra, más por el curso de la inercia misma, se extravía la interacción inteligente de la ideas frente a lo que se hace, y lo que se ha elaborado se petrifica y omite, entronizándose la dispersión y el dejar pasar y hacer con la correspondiente desinstitucionalización de los procesos y prácticas fundamentales, aunque se conserven algunos resultados o indicadores parciales, en vez de mostrar avances cualitativos, mejoras significativos en la calidad de los diversos referentes del hacer general y áulico en particular, lo que se experimenta a no dudarlo es una desmejora al considera un cierto nivel de calidad precedente.

En este marco, lo que se diga y haga con respecto a la actividad de la lectura, que de ninguna manera es un quehacer insular, no abordable como entidad alejada de la compleja gestión del conocimiento y producción de pensamiento y, de la creación artística, sólo asumiría el carácter de simple campaña, de acto de publicidad si se quiere. Formalista, por tanto, a la larga. Vale más: Si el maestro mismo, no tiene incorporado a su ser y a sus prácticas cotidianas -profesionales y personales-, la actividad de la lectura (como de la escritura, que no es simple copiar), y no se apoya en ésta para fundamentar, ilustrar, re-crear y dar vuelo a sus clases y pensamiento, lo que diga y exteriorice en torno a la lectura no deja de ser una mera artificialidad, un pregonar desde la exterioridad de dicha práctica. Por tanto tiene el aliento de la impostura.

Y desde tal situación -lamentable por demás-, no se va a producir multiplicación alguna de lectores. Jamás se va a constatar producción, resultados halagadores de apasionados lectores. Cosa que si es absolutamente posible y viable, si los docentes de todas y cada una de las áreas y asignaturas del pensum escolar y del Plan de estudio de la institución, evidencian en la escuela y fuera de ella, que son sujetos de lectura; hombres y mujeres que de modo impúdico dejan al descubierto su relación amorosa con los libros. Hombres y mujeres que, en cualquiera de las clases, no sólo en algunas de las de Lengua Castellana y literatura, sorprenden con un poema, una referencia, un texto pertinente, un apunte…, un pensamiento que, detona en idea, que inspira, ilustra, desestabiliza, asombra, conmueve!
Así, la lectura es una de las más cruciales y emblemáticas actividades de la diversidad de prácticas intelectuales, estéticas, académicas y científicas de la humanidad. Y como la escuela la fundó el hombre para que la sociedad se apropie y socialice tales conquistas, alcanzando cada día mayores grados de nivelación entre sus miembros, en la escuela es relevante el cultivo de esta habilidad. Y quienes por su desempeño y rol, están prioritariamente convocados a su ejercicio, son los docentes. El entusiasmo de éstos y, la devoción y alegría con que ésta (la lectura) se frecuenta a los ojos de los discípulos, tiene una insospechada potencia. La lectura no puede jamás ser vista como ente extraño a la clase, que las más de las veces se utiliza para dejar malparados a los estudiantes. Por consiguiente para abordar la lectura no se tiene porque prescindir de la clase. Y menos puede continuar la carrera de que se deja de dar la clase en el salón que corresponde por cuenta de estar “coordinando” la lectura de otros cursos…Sencillamente no puede ser!

Antes que hablar de la lectura, hagamos lectura! Antes que incitar en seco a que los estudiantes lean, o presentar y tratar ésta como una artificialidad, es preferible, con gran impacto y tino, que el colectivo docente, por áreas o departamentos, en el tiempo de no clases efectivas, SE DEJEN VER LEYENDO, concentrados, gozosos!!! Y además que, a propósito de las situaciones de aprendizaje en el aula, los docentes comenten de modo pertinente el o los libros que están leyendo, incluso dando cuenta de un párrafo o una página que ilustra la factura de alta calidad del texto en mención. Registrar en el tablero la bibliografía recomendada, y promover para libre escogencia en próximos días, de uno de éstos para ser abordado por cada quien. El entusiasmo y la convicción con que los docentes-lectores comentan y hablan del universo de los libros, despierta la curiosidad y el entusiasmo de los estudiantes, que luego se dirime -en proceso-, a favor de esta erótica, cuando el estudiante-lector establece contacto con el libro…proceso en el cual el docente-lector gana una intervención no invasiva, haciendo sugerencias, suministrando algunas claves; invitando a que escriban y compartan notas cortas sobre el objeto y trama de los texto encarados. La estridencia y las manidas socializaciones a las que siempre se fuerza a los estudiantes en las altisonantes campañas de promoción de la lectura, antes que fortalecer el vínculo estudiante-libro, lo puede frustrar.

El ambiente ejemplar de buenos lectores que desvergonzadamente dejan al desnudo los propios docentes: en andenes, pasillos, descanso, biblioteca, sala de profesores, campus, etc es provocadora tentación a la que estarán cotidianamente expuestos los discípulos, que pronto empezarán a evidenciar que ya, en buena hora, han sido “picados” por el espíritu polinizador de las ideas, el pensamiento, el arte, la literatura…



Ramiro del Cristo Medina Pérez

Santiago de Tolú, mediados de septiembre - 2015